CRÍTICA: POR TODOS LOS DIOSES

‘Por Todos Los Dioses’: el monólogo donde todo pasa por algo

El humor y la sencillez de Fernando Cayo consiguen conectar con el público asistente al Festival de Teatro Clásico de Peñíscola

Alejandro Casanova. Peñíscola.

Por Todos los Dioses. Autor y puesta en escena: Fernando Cayo. Música en directo: Geni Uñón. Técnicos: Alberto Ramos y Ximo Hernández. Patio de Armas del Castillo, XXVI Festival de Teatro Clásico de Peñíscola. Jueves 6 de julio de 2023.

Cuenta Fernando Cayo que los primeros dioses mitológicos con los que establecemos conexión son nuestros padres, nuestra familia. Cuenta, también, que empezó a entender a la suya a través de los dioses. La mitología antigua, en paralelo con la cotidianeidad de nuestro día a día, una constante reiterativa en Por Todos los Dioses, construye el eje temático de su monólogo. Una producción propia, la tercera de Cayo, que tuvo la oportunidad de efectuar parada en el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola.

Partiendo de los recuerdos de su infancia en Valladolid y del interés de su padre por la pintura, un grandilocuente Fernando Cayo emprendía un recorrido hilarante y crítico por la mitología griega. Una lección magistral de cultura clásica que, lejos de ser tediosa, se desenvolvió en un tono dinámico, directo y cálido, y a la que tan solo le fue necesario el ritmo de percusión de Geni Uñón para conectar con el público, metido de lleno en la función desde el minuto cero.

Ciertamente, el humor en Por Todos los Dioses deviene un imprescindible. Cayo es un actor multifacético y su trayectoria no es moco de pavo. Sin embargo, si hay un factor que le aporta valor añadido es el diálogo. Esa conexión que establece con el público y que lo convierte no solo en mero espectador, sino también en partícipe de la historia.

Un monólogo, además, cuyo guion no tiene la apariencia de ser premeditado, y en el que siempre hay un pequeño margen para la improvisación. En la obra hay espacio para todo, pero todo pasa por algo, todo tiene una explicación. Hay espacio para el humor, pero también para lo crítico, lo transgresor, lo pedagógico. Para la danza y los juegos de luces y sombras. Lo cierto es que, allá donde va, Cayo hace suyo el escenario. Así pues, en un paraje como Peñíscola, no faltaron las alusiones a la Sierra de Irta en algunos pasajes.

No fue un llenazo absoluto, pero sí bullicioso y variado. Tampoco la meteorología jugó de su parte, aunque Zeus supo dar tregua en el momento de la función. Decía Fernando Cayo que quería convertir el teatro en un lugar de humor y reflexión participada, de celebración y encuentro. Peñíscola: objetivo cumplido.