El invierno que no nos sacamos de encima
Hay años en los que uno mira el mundo y piensa que Sabina se quedó corto cuando cantó aquello de “Pobre Cristina, qué mala suerte”. Porque la mala suerte parece haberse globalizado: incendios, guerras, pantallas que escupen odio a cada minuto, gobernantes que confunden la hybris con la gestión pública y la estupidez con la firmeza. Y, en medio de todo eso, uno cree que ya no tiene el cuerpo para clásicos y, menos en verano, porque parece que tenemos un invierno geopolítico que no nos sacamos de encima.
Pero los clásicos ya lo vieron todo antes que nosotros. Vieron imperios caer por orgullo, familias romperse por ambición, pueblos enteros engañados por discursos huecos. Vieron a héroes que se creían dioses y a dioses que se comportaban como el humano más zafio. Y también vieron —y esto es lo que más me interesa— que por amor uno se vuelve inteligente, como en La Dama Boba, pero que hay gobernantes que ni con tres actos de Lope aprenden nada.
Por eso seguimos aquí. Porque el teatro clásico no es un museo: es un manual de instrucciones para sobrevivir a este presente tan raro.
Este año el festival abre un nuevo ciclo. La Diputación de Castellón ha renovado la confianza en el proyecto que, desde Yapadú Produccions, presentamos a concurso público, lo que nos permitirá trabajar cuatro años más. Pero no es eso lo importante. Lo importante es lo que ocurre en el escenario, no en los despachos.
Compañías de Extremadura, Madrid, Aragón, la Comunitat Valenciana, e incluso desde Nueva York nos acompañarán con sus versos, sus cuerpos, sus músicas, sus preguntas. Vienen a recordarnos que la tragedia no es un género, sino un espejo; que la comedia no es evasión, sino resistencia; que el teatro clásico no envejece porque habla de lo único que no cambia: nosotros.
Cada compañía que sube al Castillo trae una forma distinta de mirar el mundo. Algunas vienen a sacudirnos, otras a consolarnos, otras a hacernos reír de nuestras propias torpezas. Todas vienen a recordarnos que, aunque el mundo esté lleno de ruido, todavía hay lugares donde la palabra importa.
Ojalá esta edición nos encuentre con los ojos abiertos y el corazón disponible.
Ojalá los clásicos nos enseñen, una vez más, que la lucidez no está reñida con la esperanza.
Ojalá, por unas noches, podamos ser mejores que algunos caudillos del terror que azotan el mundo con su egoísmo y su afán de riqueza.
Bienvenidos a la XXIX edición del Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola.
Salud y clásicos.
Javier Sahuquillo, director del festival.