CRÍTICA: MAÑANAS DE ABRIL Y MAYO

‘Mañanas de abril y mayo’: una comedia sin pretensiones

José Ramón Iglesias encarna a un egocéntrico Don Hipólito que compensa la discreta comicidad de algunas escenas

Alejandro Casanova. Peñíscola.

Mañanas de abril y mayo. Género: Comedia. Producción: Teatro Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa, Teatro de Malta y Festival de Teatro Clásico de Peñíscola. Dirección: Laila Ripoll. Versión: Carolina África. Intérpretes: Pablo Béjar, Guillermo Calero, José Ramón Iglesias, Sandra Landín, Juan Carlos Pertusa, Alba Recondo, Nieves Soria, Ana Varela. Patio de Armas del Castillo, XXVI Festival de Teatro Clásico de Peñíscola. Sábado 8 de julio de 2023.

Como Ava Gardner en el Madrid de finales de los cincuenta, una película de Doris Day o un Calderón al más puro estilo Audrey Hepburn. Cargada de costumbrismo, producida por el Teatro Fernán Gómez y coproducida por el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola en colaboración con la compañía Teatro de Malta, la comedia Mañanas de abril y mayo trasladó el aura primaveral de Calderón de la Barca al ambiente estival de la Ciudad en el Mar.

La alegría y la vitalidad de cualquier producción hollywoodiense al uso dieron curso, sobre el Patio de Armas del Castillo, a un sinfín de confusiones, engaños, sorpresas y encuentros que pusieron de manifiesto el lado sentimental de sus protagonistas en escena. Laila Ripoll desde la dirección y Carolina África al frente de esta nueva versión han dotado al texto de Calderón de un ambiente mucho más contemporáneo, colorido y alegre nunca visto en otras adaptaciones y en el que también se invita, en ocasiones, a la reflexión del espectador.

Una producción muy experimentada con una ágil transición entre escenas. Y es que fueron de agradecer, además, las escenas musicales, también interpretadas por el elenco, que aportaron frescura a las tramas, así como algunos giros de guion inesperados en los que parecía que la comedia daba a su fin antes de lo previsto.

No obstante, fue Don Hipólito quien cargó con todo el peso de la producción. Sí, ese personaje egocéntrico y condescendiente que cree estar por encima de todos. Ciertamente, lo está. Y es que no hay que desmerecer la fragilidad de Doña Ana o los celos patológicos de Don Juan, ambos protagonistas. Tampoco la moralidad de Doña Lucía ni la bondad de Don Pedro. Sin embargo, en un reparto de lo más austero, fueron José Ramón Iglesias y sus tiranteces con Doña Clara los únicos capaces de desternillar a un espectador cuanto menos receptivo en otros actos.

Un ambiente de sábado estival se apoderó del Festival de Teatro Clásico de Peñíscola con un público de lo más variado y una taquilla que a punto estuvo del llenazo absoluto. Una comedia clásica, en definitiva, adaptada a las demandas del teatro contemporáneo que consigue, sin pretensiones, entretener.

 

ENTREVISTA A CAROLINA ÁFRICA, VERSIÓN DEL TEXTO