CRÍTICA: LA CELESTINA

‘La Celestina’: una Anabel Alonso a la altura, aunque comedida

La archiconocida humorista y actriz revaloriza a una alcahueta poco trascendente, mientras un apuesto Víctor Sainz despunta como Calisto

Alejandro Casanova. Peñíscola.

La Celestina. Género: Drama. Producción: Coproducción Secuencia 3, Pentación, Saga Producciones, Teatre Romea. Dirección: Antonio C. Guijosa. Versión: Eduardo Galán. Intérpretes: Anabel Alonso, José Saiz, Víctor Sainz, Claudia Taboada, Beatriz Grimaldos y David Huertas. Patio de Armas del Castillo, XXVI Festival de Teatro Clásico de Peñíscola. Miércoles 12 de julio de 2023.

Una rejuvenecida tragicomedia con una peculiar alcahueta cuanto menos ingeniosa. Así es la nueva adaptación de Secuencia 3 del clásico La Celestina, la novela dialogada de Fernando de Rojas que se ha enmarcado en la vigesimosexta edición del Festival de Teatro Clásico de Peñíscola como el buque insignia de su programación, siendo una de las funciones más esperadas por su patio de butacas.

Antonio C. Guijosa en la dirección y Eduardo Galán al frente de esta nueva versión han presentado un espectáculo mucho más reducido y dinámico: 110 minutos de las más de 4 horas de duración del clásico original que ofrecen al espectador una función más amena y en la que, además del carácter trágico que desprende la obra, también hay espacio para el humor. Lo cierto es que se consigue mantener en vilo la atención del público. No obstante, algunos pasajes resultan demasiado reiterativos, más cuando se presenta la historia con una suerte de analepsis en la que Celestina, desde su muerte y hasta su muerte, justifica el porqué de sus acciones.

Anabel Alonso saca a relucir el lado más cómico de una renovada alcahueta que, salvo en la escena final, no logra superar a otras interpretaciones ya vistas del papel. Por otra parte, bajo la coraza de Calisto se esconde un Víctor Sainz que sí ha sabido exprimir al máximo su personaje; cuenta, se desvive y, además, proporciona frescura al relato. Claudia Taboada, quien encarna a la joven Melibea y también se pone en la piel de Areusa, va de menos a más conforme transcurre la acción. 

Secundarios aunque imprescindibles, Lucrecia de Beatriz Grimaldos y Pármeno de David Huertas se enfrentan a los protagonistas con unas tramas en paralelo que aportan solvencia y brío a la escenificación. Sin embargo, es José Saiz quien demuestra muchas tablas sobre el escenario con una articulada interpretación tanto del criado Sempronio como del burgués Pleberio. Un elenco, generalmente hablando, que ha sabido sacar garra a sus personajes y que cuenta con mucho potencial de cara a futuras representaciones.

Peñíscola necesitaba del tirón de Anabel Alonso para abarrotar el Patio de Armas del Castillo, más si cabe un miércoles cualquiera de principios de julio. Claro está que gran parte del público vino seducido por el renombre de su comedida actriz principal. Anabel Alonso es capaz, sin pretensiones, de cautivar y entretener al espectador. Sin embargo, la producción en su conjunto no termina de estar perfectamente cohesionada.