La compañía madrileña La Jalea presenta La trova de Buena Saña, una obra que reivindica el poder del teatro y de la tradición oral a través de cuatro jóvenes que desafían la prohibición de actuar en el Siglo de Oro. Hablamos con Alexis Becker, uno de sus integrantes, sobre el proceso creativo, sus referentes y el futuro de la compañía.
Si pudieras resumir La trova de Buena Saña en una sola frase, ¿cuál sería?
Voy a citar a Pascal, un personaje de la obra, que casi en el cierre dice algo como “Hoy nos quitaron con ganas nuestro arte y nuestro oficio, mas la llama no se apaga”. Me gusta y yo creo que habla un poco de esta furtiva forma de hacer teatro que tiene la obra.
¿Cuáles han sido tus influencias?
Las influencias escénicas son varias. Empezaré con Ron Lalá, que es una superreferencia. Somos toda la compañía muy fans de los textos de Álvaro Tato y de la dirección de Yayo Cáceres. Además, varios de la compañía hemos entrenado con Yayo y, siempre que pueden, nos echan una mano, así que estamos superagradecidos de que estén cerca de nosotros, porque los admiramos muchísimo. Luego Las Niñas de Cádiz, que es una compañía que no conocía y vi el año pasado y me abrió la cabeza, hacen un verso muy divertido, cercano y dinámico. Luego, una obra con la que estamos también obsesionados es Farra, de la compañía de Lucas Escobedo, que se repone la próxima temporada en la CNTC (Compañía Nacional de Teatro Clásico), porque es una pasada lo que hacen como espectáculo familiar, acercando el teatro clásico a los jóvenes.
No quiero dejar de mencionar que, aparte, hemos tenido varios maestros a la hora de trabajar textos del Siglo de Oro. Especialmente queremos destacar Aula de Verso K, un taller de interpretación en verso que Karmele Aramburu y Juan Polanco tienen en Madrid. Queremos mandar un abrazo a ella y para todos los que hemos mencionado y, sobre todo, recomendar a cualquiera que quiera dedicarse a trabajar textos clásicos que se apunte a Aula de Verso K.
¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta una compañía joven como La Jalea al abordar el teatro clásico?
Son los mismos a los que se enfrenta casi cualquier compañía joven: abrirse camino. Además, cada paso, ya sea pequeñito o grande, es un gran aprendizaje. Muchas cosas nuevas que reformular, pero bueno, por suerte y también por dedicación, claro, nosotros en concreto estamos rodeados de profesionales del medio que nos ayudan, nos asesoran, nos valoran. Ya no sé si es porque algo estaremos haciendo bien, pero sí creo que es también por las ganas y por el hambre que tenemos de dedicarnos a esto.

¿Cómo fue el proceso de escritura de esta obra?
Pues quiero valorar el trabajo conjunto y en particular la palabra compañía, porque nos hemos dado cuenta de que compañía viene de hacerse compañía. Al final, el trabajo solitario en el teatro es imposible; siempre se hace en conjunto y, en este caso, para la escritura es muy interesante. Todo parte de una idea de Cayetana, actriz de la compañía y también la dramaturgista. Está obsesionada con la historia de España y todo tipo de manifestaciones culturales; ella encuentra cosas interesantes que podríamos contar y rescató estos cuatro romances populares del medievo que de alguna manera teníamos que encarrilar en una situación dramática. La obra trata de cómo ha de pervivir esa cultura oral que teníamos. Para dificultarnos las cosas, que es lo que buscamos mucho los que nos dedicamos al arte dramático, teníamos que encontrar una situación que fuera lo opuesto a esto. Este evento en marzo de 1621, cuando se cierran los corrales de comedias y se prohíbe hacer teatro, suponía la situación perfecta para que estos cuatro comediantes decidieran luchar para que pervivieran estos textos y el teatro.
¿De dónde viene este gusto por este tipo de teatro, por esta etapa?
Creo que este tipo de teatro está siempre presente. Cayetana y yo nos conocimos en Aula de Verso K y este frikismo por el teatro en verso ya lo llevábamos cada uno por nuestra cuenta. Luego encontramos la manera de unirnos para hacer este tipo de teatro y fuimos reuniendo poco a poco a más gente que compartía esa misma inquietud.
¿Qué reflexión te gustaría que el público se llevara al finalizar la función?
La cultura oral es memoria; al fin y al cabo, los romances históricamente nos conectan y nos vinculan con la tierra, con el barro, con el polvo del camino, con la gente, con las madres lavando en el río, y eso es parte de nuestra memoria y nuestro vínculo con lo que somos. Además, me gustaría que salieran con una sensación de ilusión y de esperanza.

¿Qué significa el teatro para ti en la sociedad actual y cómo crees que es concebido?
Lo veo como una manera de acercarnos unos a otros y reconocernos. Además, no deja de ser una forma de jugar; yo vivo el teatro constantemente desde ese juego. Y, en concreto, si el teatro clásico todavía se percibe como algo reservado a unos pocos literatos, creo que estamos completamente equivocados. El teatro clásico no son solo palabras escritas en un papel, sino personajes encarnados, con carne y con vida.
¿Cuáles son los próximos proyectos y hacia dónde queréis que evolucione La Jalea?
Ahora tenemos una línea bastante clara de trabajo que se ha iniciado con La trova de Buena Saña: una serie de capítulos, de historias episódicas. De esta manera, los que puedan ver esta obra ahora, el año que viene podrán ver qué historia les depara a estos personajes. La idea es que el público no solo pueda vivir el Siglo de Oro a través de los textos que ya tenemos, sino también a través de personajes inspirados en esa época. A medida que avanzan y crecen, son ellos quienes nos van contando la historia de ese siglo.
¿Pueden, efectivamente, cuatro jóvenes comediantes ser el núcleo de la resistencia?
Nuestra idea con la obra es que cada joven que la vea sienta que sí que es posible, ya sean cuatro, tres, dos o uno solo.
Llum Ripoll Corella