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LA PESADILLA DE AMÉRICA (LA MONJA ALFÉREZ)

LA PESADILLA DE AMÉRICA (LA MONJA ALFÉREZ)
10 de Julio de 2026

Todo comenzó cuando sus padres la llevaron a su casa,
de ciudad en  ciudad  ella rezaba al Señor por un respiro mejor.
No sabía cuántas batallas podría soportar,
como generala 
o como monja tirana.
Ahí fue cuando todo comenzó cuando
sus padres la vendieron a un convento. 

Admiraba a su hermana al escuchar la paz del coro conventual.
No tuvo tiempo para la serenidad;
la vio derribar a sus enemigos con feroz brutalidad,
una y otra vez, de aquí para allá, sin piedad.
 Sí, ella fue la pesadilla de América:
La monja Alferez.
Se cortó el cabello, y no fue por casualidad;
es la Monja Roja, ha llegado su estación de verdad.
Saltó a la orilla sin miedo, reptil en su condición;
Se alistó en la guerra de los holandeses como solución.
Llegó hasta Lima, naufragó huyendo del horror;
La rescataron, la devolvieron frente a Paita,
y otra vez la enviaron  con mil dolores a Lima.

Nadie tiene un refugio capaz
de aliviar el sufrimiento de quien muere en paz.
La lanzaron a tierra frente al enemigo, sin vacilar,
contra cualquiera que quisiera jugar.

No sé si ella  una monja…
No sé  si ella  una tirana 
o el arma empuñada por un hombre sin sombra.
Y le dije que todo es a su manera,
ella la pesadilla de América.

Como un gran cruzado, los combate con un dolor oculto en su estómago, hambriento.
Los devora como si fueran dientes de tiburón.
A esos tipos le resulta fácil controlarlos como si fueran aves de corral.
Es su partida de ajedrez; ella es la reina, y le resulta fácil el jaque mate a cualquier hombre.

Susurra unas palabras:

«No sabes si es una mujer o un guerrero, apuesto a que es más que un ser humano.»
Por cada causa que salió a combatir,
se cruzó con él… y lo hizo desplomar.
Cayó en desgracia, sí, pero siguió de pie;
Mientras la Monja siga matando sin cesar,
haciendo posible lo imposible al luchar,
ya no existe el escondite ni el juego del escondite;
le clavó la mano de nuevo sobre la mesa, sin titubear.
Intercambiaron disparos, uno para ella y muchos para ellos.
En una noche en San Francisco se la llevaron
con un disparo al agente de la ley fue enterrado.
No te petrifiques cuando me encuentres 
a los
pies de su ilustre señoría.
Esa es la cuestión, ella no juega, ella conquista.
Las Indias tienen un problema,
Ella es una generala,
La pesadilla de América 
La monja alférez
La tirana roja 
Para ella no hubo dulces sueños.