Ir a la Web de la Diputación de Castellón

RAKEL CAMACHO, DIRECTORA DE PALABRA DE PERRO: “UNA BUENA OBRA NO MUERE NUNCA Y SIEMPRE VA A TENER COSAS QUE ENSEÑARNOS"

RAKEL CAMACHO, DIRECTORA DE PALABRA DE PERRO: “UNA BUENA OBRA NO MUERE NUNCA Y SIEMPRE VA A TENER COSAS QUE ENSEÑARNOS"
10 de Julio de 2026

“No hay milagro sin razón”. La directora Rakel Camacho (Albacete, 47 años) nos explica algunas curiosidades y detalles de Palabra de perro, una versión actualizada, de la mano de Juan Mayorga, del clásico literario de Miguel de Cervantes El coloquio de los perros, que se presentará en el patio de armas del castillo de Peñíscola este sábado 11 de julio a las 22:30. La obra es una coproducción del festival con la compañía madrileña Lantia Escénica, escrita por Mayorga, una de las voces imprescindibles de la dramaturgia contemporánea en lengua castellana. Lantia Escénica nace en 2021 en Madrid y está integrada en el Grupo Focus, uno de los principales referentes de las artes escénicas en España. La compañía impulsa un proyecto comprometido con la creación contemporánea, la revisión de los grandes textos del teatro universal y el apoyo a nuevas dramaturgias, apostando por espectáculos de alta calidad artística y por la colaboración con instituciones públicas y privadas. Desde su creación ha llevado a escena montajes como Tartufo, El proceso o El cuarto de atrás, consolidando un proyecto que combina la producción de grandes textos del repertorio con el impulso a la dramaturgia contemporánea.

¿Cómo se afronta la adaptación de un texto clásico del s. XVII al escenario en pleno s. XXI?

Los clásicos son paradigmas, de alguna manera están llenos de enseñanzas éticas, morales, filosóficas… Al final esto es una fábula. Yo creo que, si se conecta con lo que se está contando, ni siquiera hay que actualizar la forma. Lo importante es conectar con lo que se está contando. Cuando trabajo con clásicos, no me paro a pensar si son clásicos o no, se tiene en cuenta, por supuesto, el contexto en el que se escriben, pero por eso nuestros clásicos del Renacimiento y del Barroco son maravillosos, porque los contamos hoy y tienen todo el sentido, interpelan tanto a los equipos que los hacen como al espectador y entonces la conexión sucede. Si sucede, es importante contar esa historia.

¿Qué es lo que más te ha atraído para dirigir esta obra?

En Cervantes hay una sensibilidad y una profundidad filosófica necesarias, pero lo que me gustó mucho en la versión de Mayorga es esa combinación, esas dimensiones diferentes, cómo están contadas, cómo están abordadas a partir del recuerdo, de la ensoñación. Creo que soy una directora a la que le atrae contar en escena a través de formas más poéticas, menos realistas, en las que aparece también lo fantástico. Esa simbiosis de dimensiones diferentes en la que todo es posible es quizá lo que más me atrajo y, por supuesto, toda esa belleza de la palabra y la profundidad que hay en cada una de las conclusiones a las que Cipión y Berganza van llegando para descubrir quiénes son.

¿Cuál dirías que ha sido el mayor reto a la hora de dirigir la obra?

Bueno, todas las obras tienen su complejidad, para mí es muy importante que lo que se esté contando tenga una absoluta coherencia con cómo se está contando, pero que a la vez no sea lo esperado. Me interesa que el espectador sienta una sorpresa; caminar con él y llevarle de la mano por toda esta serie de reflexiones y pensamientos que tienen estos dos perros. La complejidad tal vez ha sido que ha habido una cantidad de texto muy considerable, con mucha acción. También el cómo encontrar los momentos donde priorizo la acción, donde priorizo el texto, y que todo eso vaya a una, que haya una claridad en todas las ideas que se están contando. Creo que el público necesita abrir mucho sus oídos, su alma y su mente para llegar a este tipo de propuestas. No es una obra que se base en hacer algo entretenido y ya está, es algo con mucha sensibilidad y mucha profundidad en los personajes de Cipión y Berganza y en los personajes del amo.

¿Cómo describirías la obra a alguien ajeno, que no la conozca o no haya oído hablar de ella?

En esta obra Cipión y Berganza son dos perros que adquieren el don del habla. Y Mayorga hace algo que me parece muy bonito, muy sensible y que es una genialidad, pone en primer lugar una historia sobre inmigración. Una noche, no saben cómo ha pasado, de repente pueden hablar. Han sentido que se han escuchado hablar en sueños y, a partir de esta idea de adquirir el don del habla, Cipión funciona como una especie de psicoanalista, Berganza como una especie de psicoanalizado. A través de esta idea de querer descubrir cómo adquirieron el habla, lo que hace Berganza es ir contando sus historias, sus aventuras, pasando de amo en amo. En la original, Cipión dice que lo van a hacer desde el primer amo al último, pero en la obra de Juan Mayorga cuentan toda la historia desde el principio hasta el momento en el que se adquiere el habla. Pasando por todos esos amos, Berganza descubre cómo consiguió el habla y descubre su verdadera identidad.

De todas las escenas, ¿hay alguna que para ti sea especialmente significativa?

El final es bastante impactante, cuando aparece esa bruja Cañizares y viene a dar el discurso de la hipocresía, de cómo realmente se trata a personas que están en los márgenes, que no tienen posibilidades ni ningún tipo de privilegio y que viven como perros. No quiero desvelar mucho, porque hay mucha sorpresa en la función.

También esos dos primeros monólogos que tiene cada uno de los perros en una especie de perrera de un hospital, el Hospital de la Resurrección de Valladolid, donde los sitúa Cervantes, y que de alguna manera es un espacio escénico simbólico. Cipión está alegre, porque tiene con quién hablar. Y Berganza, que al principio tiene mucho miedo de hablar porque teme que le hagan daño —viene de que le hagan mucho daño—, al final de la obra, en cambio, siente que “si nos roban la palabra, nos lo roban todo”.

El público de hoy en día, ¿qué puede descubrir de la obra al verla en el festival?

Va a descubrir una obra que habla de algo que comenta una de las amas: “Esta va a ser la mejor tragedia desde Eurípides”. Es una trágica comedia, estamos hablando de temas duros, pero con muchísimo humor a través de los personajes, de los amos —que son ocho y los interpreta un solo actor— y de Cipión y Berganza. Hay un momento en que Berganza afirma: “La verdad sea dicha”, y se insiste en que lo bonito es la metáfora que hay en esta obra, en la que precisamente dos perros, que no tienen voz, pues ¿cómo van a descubrir la verdad sobre ellos mismos? También es un retrato sobre el mundo en que vivimos, esto es muy actual en la función, es sumamente contemporáneo todo lo que representa cada uno de esos amos.

Vais a actuar en una fortificación medieval, ¿crees que el entorno del castillo influye en la experiencia del público y los actores?

El espacio lo es todo, siempre. Cuando digo el espacio, no me refiero al espacio escénico o a la escenografía, me refiero a que el espacio condiciona absolutamente toda una puesta en escena, todo un trabajo actoral. No es lo mismo tener al espectador encima que tenerlo lejos, todo el encuentro depende del espacio, absolutamente. Yo no he ido nunca, tengo muchísimas ganas de descubrirlo, de ir allí y decir ¡guau! Seguro que es precioso y tiene algo muy, muy, muy especial. Las funciones al aire libre tienen la complejidad, también, de que puede haber fugas, no a la hora de escuchar, sino de la energía. Siempre es un gran reto para los actores actuar en un espacio al aire libre, sobre todo con una obra que tiene su fuerza visual, pero que sobre todo tiene mucha palabra. Creo que es mágico estar bajo la luna, contando esto, porque también empieza así la obra, están mirando a la luna y están hablando, y eso es hermoso, creo que va a ser muy bonito.

Ya para acabar, Rakel, una última pregunta, ¿por qué nadie debería perderse esta representación en el Festival Internacional del Teatro Clásico?

Bueno, nos sobran los motivos. Por Juan Mayorga, nuestro maravilloso dramaturgo contemporáneo, por Cervantes, insuperable, amadísimo, creo que ellos dos son un tándem maravilloso. La sensibilidad, la crítica que hay en ambos, y cómo además Mayorga lo ha llevado a un lugar tan sumamente teatral. Luego, pues por los intérpretes, que son maravillosos, son tres energías muy, muy altas en escena, y tienen una gran trayectoria. Han entrado al juego, he contado con su complicidad desde el principio, y siento que he podido hacer. Hago el trabajo como yo lo siento allá donde voy, me da igual la obra, lo disfruto desde donde yo siento, escucho lo que me da el texto y desde ahí puedo soñar. Hay una especie de sueño que vamos a compartir con el espectador, y eso siempre es bonito.

 

Xavi Soriano