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LA TROVA DE BUENA SAÑA: VERSO, GENIALIDAD Y ANTE TODO MUCHA MAÑA

LA TROVA DE BUENA SAÑA: VERSO, GENIALIDAD Y ANTE TODO MUCHA MAÑA
17 de Julio de 2026

En la plaza frente a la entrada del castillo aparecen, de época, los cuatro intérpretes. Con disimulo, susurran a gritos: “¿Venís a la función clandestina?” El público, que llegó a la plaza un lunes de julio de 2026, se reúne y se mezcla en la función, para interpretar juntos un tiempo oscuro en el que el teatro está prohibido. Estamos en 1621, acaba de morir el rey Felipe III y toda España se ve obligada a sumirse en un duelo sin risas ni arte. La ley cierra los corrales de comedias y la Guardia Real condena a cualquiera que se atreva a actuar. Sin embargo, esta gangarilla (grupo de cómicos ambulantes del siglo XVII) no aceptará un mundo sin teatro. “Si alguien ve a un guardia”, le dicen al público, “que grite ‘agua’, y saldremos corriendo”.

Eso mismo es lo que ocurre. Cuando los actores ven que están todos los espectadores reunidos, gritan: “¡Agua, agua!”, y todos comienzan a correr calle abajo, salpicando risas entre la cotidianidad peñiscolana como haría el agua en las curvas de un río. Y así baja y baja la gente, hasta llegar a los jardines del palacio. Apuran todo lo posible, allá donde les esperan las sillas, tan alejados que el escenario improvisado se mezcla con el horizonte marino.

El sol cae después de una tarde sofocante. Lo hace deprisa, como si hubiera estado esperando todo el día para tener un poco de protagonismo. Las olas aplauden, los pájaros observan. Como se dirá más tarde en el espectáculo: “Las aves que volaban se paraban a escuchar”. Silencio, silencio, que comienza la función. Estamos en un convento abandonado, esto es La trova de Buena Saña.

Esta obra es original de la compañía que la representa, La Jalea, como lo es el texto, el vestuario y la música. Cuatro jóvenes se reúnen para poner sus pasiones en marcha y actuar entre las sombras: la hija de un poeta cuyo sueño es ser escritora, a quien da vida Cayetana Oteyza; un amigo suyo con ansias de actuar, interpretado por Alexis Becker; un noble que esconde su identidad, encarnado por Javier Madruga; y una costurera que conoce todas las comedias y romances porque se los ha contado desde niña la tradición popular, interpretada por Elena Trujillo.

No recomendaría esta obra a aquel que no quiera reírse, porque está plagada de humor ingenioso. Ni a aquel que aborrezca el verso, porque después de verla no querrá volver a la prosa. En especial, no recomendaría esta obra a quien no le guste el teatro, porque os aseguro que después de ver La trova de Buena Saña, lo único que querrá el espectador es leer y ver teatro clásico; y, si es de corazón sensible y convencimiento fácil, incluso empezar a actuar.

Este espectáculo lo tiene todo: comedia, suspense, interacciones con el público, guitarra y castañuelas, canciones, esgrima y crítica. El metateatro y la ruptura de la cuarta pared (pero nunca del verso) hacen que esta obra sea especial. También la forma en la que se incluyen los fragmentos famosos de cada uno de los cuatro romances populares que representan.

El público encandilado se puso de pie para aplaudir. Algunos no querían volver a la actualidad, querían quedarse en la representación clandestina un poco más. Se acercaban a los intérpretes a felicitarlos y ellos les agradecían con mucha humildad y mucho cariño. “Os hemos preparado en la salida unos pequeños regalos de la compañía que podéis comprar”, nos dijeron. Era miel artesanal, hecha por la misma Elena Trujillo. Un guiño al nombre de la compañía.

Ante todo, la propuesta de La Jalea hará que cualquier espectador recuerde que el teatro es de todos y para todos, que no se puede silenciar y que el teatro clásico está hoy más vivo que nunca.

No temáis, los que, como yo, os quedéis con ganas de más, porque La trova está pensada para ser una serie, y ya están ensayando la continuación. En conclusión, La trova de Buena Saña es, sin duda, verso, genialidad y mucha maña.

Amanda Fergo